Cuando los niños aprenden a caminar, no van muy lejos sin caerse. Les resulta mejor si se toman de la mano de alguien. Esa mano que los ayuda los puede apartar de los peligros y guiarlos con seguridad adonde deban ir. Muy pronto los niños comienzan a caminar solos aunque es probable que se caigan y lastimen o se dirijan a algún lugar que podría ser peligroso. Y los padres permiten que esas cosas sucedan porque quieren que sus hijos finalmente aprendan a caminar sin ayuda. Por supuesto que los padres intervienen y protegen a sus hijos cuando están en peligro, pero la meta de ellos es preparar a sus hijos para el día cuando ya no necesiten ayuda. Y se emocionan cuando por primera vez ven a sus hijos experimentar el gozo de la independencia.
Aprender a caminar con nuestro Padre celestial es un poco diferente. Él quiere que nosotros extendamos la mano para tomar Su mano, pero no quiere que jamás soltemos Su mano. De hecho, Su deseo es que con cada paso que damos lleguemos a ser más y más dependientes de Él. Eso es porque Dios nos quiere llevar a lugares en los cuales nunca hemos estado, y elevarnos a alturas que ni siquiera podemos imaginar. Pero para lograr esto, debemos pasar por valles bajos, peligrosas montañas, terrenos accidentados y pasajes angostos de la vida, lugares en los cuales nos podríamos perder con facilidad o salirnos del camino.
Y por cierto que no hay forma en que podamos avanzar por cuenta propia y esperar llegar con seguridad al lugar que Él ha planeado para nosotros. Y, completamente opuesto a la manera en que nosotros les enseñamos a nuestros hijos, nunca conoceremos el gozo de la verdadera libertad hasta que entendamos que no podemos dar un solo paso sin Su ayuda.
Pero nos corresponde a nosotros dar ese primer paso. Si no lo hacemos nunca aprenderemos a caminar con Él. Tal vez tengamos tanto temor de dar un paso equivocado que no damos ningún paso. Dios no separó las aguas del Río Jordán para los israelitas hasta que ellos no pusieron sus pies en el agua (Josué 3: 15-16). Eso es porque Dios requiere que el primer paso lo demos nosotros. Pero para dar ese primer paso, debemos mirar el rostro de Dios, tomar Su mano y decir: “Señor, guíame por el camino que tienes para mi. Desde hoy en adelante quiero caminar contigo. Doy este paso de fe y confío en que tu me encontrarás aquí. Alinea mi corazón con tu corazón”.
Una vez que usted ha dado ese primer paso. Dios le mostrará otros pasos para dar. Le enseñará a caminar en la luz de Su Verdad, revelación y amor. Usted descubrirá formas de evitar las cosas que lo separan de Dios y de todo lo que Él tiene para usted.
Si el camino por el cual usted ha andado es torcido, Él lo enderezará. Si usted avanza en la dirección equivocada, Él le hará dar la vuelta. Si ha llegado a un punto muerto, Él lo hará mover. Si camina en círculos, Él arreglará el rumbo y causará que usted llegue a su destino. El simple hecho de entregarle su vida a Dios inmediatamente lo pondrá en el camino correcto y lo dirigirá a su destino correcto.
A medida que da un paso a la vez, tomado de la mano de Dios y dejando que lo guíe, Él lo hará llegar adonde usted necesita ir.
(Extraído de “El Poder de una mujer que ora”)
One Response to “Aprendiendo a caminar con Dios”
Leave a Reply
You must be logged in to post a comment.





agosto 6th, 2008 at 4:07 pm
Bendiciones muy buen tema dejo mis saludos a ustedes y que Dios les bendiga en todo sus proyectos Evangelisticos
atte